Cuando por primera vez escuche a un maestro decir: “chavos… dejen la programación a los técnicos, nosotros debemos de tener la capacidad para administrar proyectos de software aplicando verdadera ingeniería de software”, recuerdo que estuve de acuerdo por menos de 5 minutos con su comentario, después comencé a maldecirlo y a reírme en mi interior…
Hay una gran diferencia entre arte e ingeniería dicen algunos citando a su inseparable amigo la real academia española; “~abstracto Arte 1. m. Modalidad artística que transcribe lo expresado acentuando los aspectos formales, estructurales o cromáticos, sin atender a la imitación material”. Y que después aparece como un término ambiguo:
Arte amb. “Virtud, disposición y habilidad para hacer algo” ó “Manifestación de la actividad humana mediante la cual se expresa una visión personal y desinteresada que interpreta lo real o imaginado con recursos plásticos, lingüísticos o sonoros”.
Probablemente este texto se dedique a soslayar lo que se define como ambiguo de arte, porque más allá de las barreras del lenguaje y los formalismos, se encuentra un verdadero significado intrínseco entre nosotros, aquel, que nos hace estremecer cuando vemos a un producto de la imaginación que refleja una grandeza irrefutable y absoluta de nuestra vida.
Para aquellos que no han perdido la capacidad de asombro les será fácil encontrar arte y perfección en casi cualquier cosa, siendo inevitable acordar que: “El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados”. Albert Einstein.
No estoy muy seguro de si es un don natural con el que todos venimos dotados, lo seguro, es que ante todo los que nos rodea esa capacidad se ve en decremento o incremento según las imposiciones sociales y culturales de nuestro entorno actual casi involutivo. Arte no debería referirse a la expresión como algo inherente al uso de ciertas herramientas o técnicas, sino a las reacciones puramente emocionales e inhóspitas que nuestros sentidos traducen.
¿Es posible ver arte y perfección en todo lo que nos rodea?, seguramente esta pregunta resultaría caótica a la hora de responderse por la mala costumbre que tenemos de generalizar las cosas y los comportamientos de todos, algunos hacen esto de manera consciente, otros… no tanto. Creo firmemente en que la apreciación y afinidad por el arte son aspectos fácilmente manipulables desde un inicio, dejarnos seducir por ciertas corrientes es un elixir que resulta excitante y reconfortante, el problema esta cuando esas corrientes son descubiertas y utilizadas para declarar un estatus o minimizar la importancia del resto de lo que sea que nos rodee, cuando el arte deja de ser un sentimiento, y se convierte en una herramienta.
Probablemente el sentimiento que tengo sobre lo que hago y amo discrepa con muchos de ustedes, no por como lo expreso a través de estas líneas, sino por el hecho y necesidad de no querer ver a las herramientas de trabajo como algo específico, inerte y lleno de productividad. Siempre tratando de encontrar el parámetro común que me llena de sentimientos, aun cuando se es inevitable enfrentar una encrucijada en algún punto de mi vida a causa de esta necedad.
No, este no es un artículo sobre líneas de código tratando de ejemplificar arte, únicamente se trata de mi opinión sobre como la deshumanización no tiene porque ser un factor irremediable en nuestra vida diaria y de cómo la especialización pierde significado e importancia ante los que no pueden interpretar la genialidad, el arte existe en todo momento, la importancia es estrictamente relativa al individuo y a su pasado, sin importar la herramienta, método, técnica o producto, el limite esta en nuestros sentidos.
La vida y muerte es arte en su más pura expresión, aplicar restricciones sobre esto es producto de la pereza humana.
¡A si!, no se a que iba con el ejemplo de mi maestro, creo que perdí la idea, no se como termine aquí.